Hace meses, no recuerdo bien exactamente, recibí la invitación de Julio Roa para escribir columnas para su portal de internet EnLaPolitika.com; acepté y comencé a hacerlo, poco tiempo pasó para darme cuenta de un estilo muy peculiar de ésta persona, al publicarlas se deslindaba de lo escrito por mí y además invitaba a sus seguidores no solo leerlas sino que quien no estuviera de acuerdo pues simplemente me atacara con insultos y descalificativos; lo anterior no me asusta ni me acongoja, es el pan de todos los días cuando publico algo en el sitio SDP, pero de eso a que otro incite es como cuando alguien te invita a una fiesta para que seas el centro de la burla y de los ataques; se me hizo inmaduro e ignorante.
Al haber dejado de mandarle mis escritos, me di cuenta que Julio Roa había seguido la misma estrategia que conmigo con varios tuiteros que escriben para el SDP, desconozco los motivos por los cuales quienes aceptaron dejaron (igual que yo) de mandarles sus escritos, pero, uso el mismo comentario para todos al asegurar que el propio Federico Arreola nos “había regañado y ordenado dejar de mandarle columnas”, situación que fue y es una completa mentira. Pero a lo mejor fue eso lo que dio la pauta para que este personaje se obsesionara con Federico Arreola, acusándolo (sin prueba alguna) de recibir sobornos y ser periodista a sueldo de gobiernos locales y federal.
Al cuestionar por Twitter ese actuar, Julio Roa tuvo bien a afirmar que él no es periodista (pese a administrar un sitio de internet dedicado a noticias, principalmente políticas) por lo que no estaba obligado a investigar ni informarse respecto a lo que publicaba o tuiteaba. Pero el actuar de este personaje no queda simplemente en la obsesión desenfrenada por don Federico, en los últimos meses se ha dedicado prácticamente al acoso y bulliyng cibernético. Consiguió sus 5 minutos de fama al lograr ser entrevistado por gente de Red Siete Radio en un debate en el cual lo único que demostró fue eso, conseguir oír su voz ese día ya que no aportó nada y la pasaba como merolico.
A través de Twitter, en contra de cualquier norma ética, profesional, personal, seria comenzó un acoso contra Joaquín López Dóriga y su esposa, proporcionando e incitando a sus seguidores a marcar el número telefónico del negocio de la esposa del primero para que fuera atacada; al igual que emprendió la misma acción en contra de diputadas (Purificación Carpinteyro entre otras); acosa a Julio Hernández, director de La Jornada, a Beltrán del Río, mandándoles o mencionándolos en sus tuits cada 5 minutos durante días para después, si alguno llegase a bloquearlo, como un infante de primar los “exhibiría” por bloquearlo.
Julio Roa es el administrador de un portal de internet dedicado a noticias generales (principalmente política), sin embargó, mediante un tuit me aseguró que “él no es un periodista” por lo que no está obligado a investigar lo que en su portal y cuenta de internet publique. Se le olvida que sí parece pato, camina como pato y grazna como pato, pues no puede venir a alegar ahora que es un ornitorrinco. Asegura siempre tener “pruebas irrefutables”, “evidencia contundente”, inventa situaciones incluso de otros países intentando comparar México con lo que pase en ellos, pero, cuando se le reta a exhibirla, desvía el tema.
Julio Roa, a quien desafortunadamente le he prestado demasiada atención como para dedicarle estas líneas, es una persona que “sin ser periodista” maneja un portal noticioso y una cuenta de Twitter mediante los cuales inventa escenarios, miente en información proporcionada, nunca exhibe prueba alguna más las deducciones que su cabeza le puede procesar, no investiga antes de publicar, sus noticias son prácticamente copia y pega de otros portales, acosa a personajes por Twitter, ataca a mujeres en Twitter, fomenta a sus seguidores a hacer lo mismo que él; lo que implica que es un mitómano, misógino, acosador… Y obsesionado con Federico Arreola.
@ejlodena