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Itinerario Político | Ricardo Alemán

PRD y AMLO: síndrome de Estocolmo

Nació en la ciudad de México en 1955 e inició en 1980 su carrera profesional como reportero del diario "A.M." de León Guanajuato. Ha trabaj ...

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Lunes 14 de febrero de 2005

PRD y AMLO: síndrome de Estocolmo


EL 23 de agosto de 1973 un grupo delictivo asaltó el Kreditbanken, de Estocolmo. Los delincuentes mantuvieron como rehenes a empleados del banco durante varios días y al momento de la liberación los periodistas captaron una gráfica que mostraba cuando una de las rehenes y uno de los captores se besaron a manera de despedida. El estado sicológico en el que la víctima de secuestro desarrolla una relación de complicidad con su captor fue acuñada como el "síndrome de Estocolmo" por el criminólogo Nils Bejerot y el término se hizo mundialmente famoso cuando Patricia Hearst hija del magnate del periodismo en EU fue secuestrada por el Ejército Simbionés de Liberación, al que se unió luego de su liberación.

Pero el "síndrome de Estocolmo" parece tener una peculiar aplicación en México, en la aldeana política local, y especialmente entre la llamada izquierda mexicana. Y es que esa izquierda, sus dirigentes, gobernantes y hasta líderes "morales", que desde siempre cuestionaron al viejo PRI por haber secuestrado, pervertido y envilecido la política; esa izquierda que hoy se agrupa en las siglas del PRD, es la misma que ha secuestrado, pervertido y envilecido la política, no igual, sino peor que el viejo PRI.

Resulta que el perredismo todo o casi todo, junto con su líder más popular, gobernante del DF y más aventajado presidenciable, Andrés Manuel López Obrador, pasaron de la histórica crítica a la antidemocracia interna del PRI, de los cuestionamientos por la grosera imposición de líderes partidistas y candidatos a puestos de elección popular por parte del "jefe máximo", de la crítica por la inmoral manipulación del partido en el poder, a ser lo más fervientes practicantes de lo que siempre criticaron. El PRD y su nuevo "jefe máximo", López Obrador, se enamoraron de las prácticas priístas que secuestraron, pervirtieron y envilecieron la política. El PRD y AMLO terminaron como víctimas del "síndrome de Estocolmo".

Y dígalo si no la nada democrática, la grosera y perversa imposición que desde su condición de gobernante, más popular y aventajado presidenciable, ha empujado AMLO para ocupar la dirigencia del partido a nivel nacional, en el DF, y la candidatura para sucederlo en la jefatura de gobierno. En tanto "nuevo jefe real" del PRD, de eso que se define como la izquierda partidista aunque de izquierda ya no le quede nada, López Obrador decidió que el nuevo dirigente del PRD sea su incondicional Leonel Cota Montaño, que el dirigente en el DF sea su empleado, Martí Batres, y que el sucesor en el Gobierno del DF sea otro empleado, Marcelo Ebrard.

Y ante semejantes imposiciones como las que hoy opera AMLO en detrimento de la imagen, confianza y credibilidad del PRD, en los tiempos de la hegemonía del PRI en el poder, la izquierda mexicana, primero, y luego su órgano partidista, el PRD, no sólo pusieron el grito en el cielo, sino que hicieron de esa grosera antidemocracia la bandera que le dio origen y razón de ser y hasta el nombre, el de la Revolución Democrática, al PRD. Pero hoy, atacados por el "síndrome de Estocolmo", los líderes, los gobernantes, lo que queda de los históricos luchadores de la izquierda mexicana que se agrupan en el PRD, prefieren guardar silencio, tragarse los sapos y las serpientes de la pervertida política priísta y doblar la cerviz, no sea que por protestar el "jefe máximo", López Obrador, los deje sin chamba en el "futuro luminoso" de una "alternativa de nación".

¿Cuál es la diferencia entre el control vertical, autoritario, nada democrático que ejercían desde el poder público y en su condición de jefes reales del PRI, López Portillo, De la Madrid, Salinas o Zedillo, con las prácticas que desde su condición de jefe de Gobierno y líder real del PRD impone AMLO sobre el PRD? No hay ninguna diferencia en los modos, en quien los ejerce, que es AMLO, y en quienes permite que se las impongan, que son los líderes del PRD. AMLO se comporta igual que López Portillo, De la Madrid, Salinas y Zedillo, y el PRD se comporta igual que el PRI. La única diferencia, porque la hay, es que AMLO apenas es el gobernante del DF. Y si como el más popular presidenciable ya hace con el PRD lo que le viene en gana, si impone las prácticas del PRI, ¿qué se puede esperar, si llega, cuando sea Presidente? Entonces no habrá más que Dios y López Obrador, en ese orden.

Pero lo más lamentable para esa dizque izquierda agrupada en el PRD es que nadie se haya atrevido a denunciar, a documentar y probar esa especie de "sacrilegio" que pretende consumar AMLO al imponer a Cota Montaño como nuevo presidente del PRD. ¿Quién es Cota Montaño? ¿Cuáles son sus méritos? ¿Cuál es su formación política? ¿Cuáles son sus cartas como hombre de izquierda? ¿Por qué él y no un hombre de izquierda? Las interrogantes podrían ser interminables pero las respuestas se resumen en pocas líneas. López Obrador seleccionó al más pequeño, al más gris, al más dúctil, al prototipo del cacique pueblerino, al que nada sabe y nada entiende de la izquierda, y al que a todo le dirá, como ya lo dice frente al jefe de Gobierno: "Sí señor... Sí señor... Sí señor".

A nadie en el PRD le importó echarle una mirada a la gestión de Cota Montaño, un cacicazgo feroz, de pueblo, de persecuciones y encarcelamientos, de compra de la prensa local, de amenazas y a los opositores, de antidemocracia, que gracias a ello mantuvo para las siglas del PRD la gubernatura de Baja California Sur. Y no les importó, porque no les importa ni la izquierda, ni la democracia, ni el país y menos los problemas nacionales. A los perredistas les importa el poder, sus cuotas, sus chambas, sus futuros personales, no como opositores idílicos, sino como gobierno. AMLO también logró lo increíble, domesticar a esa dizque izquierda mexicana, con los mismos métodos que esa izquierda dijo combatir, los métodos del viejo PRI. Por eso el PRD y AMLO son víctimas del "síndrome de Estocolmo". Se enamoraron y son fervorosos practicantes de los modos del PRI, contra los que lucharon durante décadas.



En el camino

Les informamos que a partir de hoy, en Radio Capital (830 de AM), la periodista Estela Livera y el autor de esta columna regresan a la radio, en la conducción del primer programa especializado en la sucesión presidencial: "Ciudadano 2006", que se transmitirá de lunes a viernes, de 18:00 a 19:00 horas. En la emisión de hoy, Diego Fernández de Cevallos y Francisco Labastida Ochoa, dos ex candidatos presidenciales, hablarán sobre la sucesión adelantada de 2006.

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