Política Irremediable

Al rescate de Pemex

Lo malo de las empresas estatales en las sociedades poco desarrolladas democráticamente es que son una suerte de botín para los hombres políticos. Los modos de expoliación pueden ir del saqueo puro y simple, la desviación de los recursos generados por la corporación para llenar las arcas de los partidos o financiar sus campañas electorales o, en el mejor de los casos, la utilización de estos antedichos caudales para costear el gasto corriente de unos Gobiernos que, teniendo a la mano tan cómoda y pródiga fuente de ingresos, no se las apañan para cobrar impuestos ni para volverse más eficientes.

De tal manera, las compañías paraestatales se vuelven aparatos donde se coloca la parentela de los politicastros, reservas naturales de votos asegurados a punta de estrategias clientelares, nidos del más nefasto corporativismo, guaridas de funcionarios corruptos y auténticos barriles sin fondo que, en vez de producir riqueza, se la tragan vorazmente.

El ejemplo más palmario de la depredación de una corporación estatal es el de Petróleos de Venezuela (PDVSA), una empresa que antes de que llegara Hugo Chávez al poder tenía una plantilla de 44 mil empleados y que hoy, con una nómina de 140 mil trabajadores, 46 mil millones de dólares de deuda financiera y pagos pendientes a proveedores por 86 mil millones de dólares, se encuentra prácticamente en bancarrota.

Statoil, la empresa petrolera del Estado en Noruega tiene una historia diametralmente opuesta: en lugar de derrochar ingresos descabelladamente, contribuyó a que esa nación escandinava acumulara un gigantesco fondo soberano de 800 mil millones de dólares. Los venezolanos, sojuzgados por tiranuelos populistas, dilapidaron criminalmente su riqueza: hoy, están más pobres que nunca. Los noruegos, conducidos sensatamente por gobernantes socialdemócratas, cuentan con una descomunal cuenta de ahorros. Ustedes dirán.

Lo cual nos lleva a Pemex: en 2012 tenía una deuda de 786 mil millones de pesos que, a día de hoy, supera un billón (o sea, un millón de millones). Y, los precios del petróleo, según parece, van a seguir bajando (ahí viene Irán, a colocar todavía más barriles en los mercados). Le deseamos mucha suerte a José Antonio González Anaya, el nuevo director de la “empresa de todos los mexicanos”. La va a necesitar…

 

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